Serie «Reportajes», por Rocío Arnedo. Me encontraba en el templo de San Francisco tras la procesión del silencio, fotografiando algunos pasos que estaban siendo adornados para la procesión del Santo Entierro de esa misma noche, cuando un fuerte ruido que todos los presentes no apreciaron me hizo preguntarme a qué podría deberse. La respuesta no se hizo esperar los móviles comenzaron a sonar, caras de horror y pánico por lo que nos contaban y a lo que no dabamos crédito. Familiares inquietos por los que nos encontrabamos en la calle. Incertidumbre y caos.
Se trataba de un atentado terrorista,se me heló la sangre. Que pronto se rompe la pacífica vida de cada cual que no buscamos en nuestro día a día otra cosa que paz y tranquilidad. Personalmente lo viví más de cerca debido a que mis padres tienen un negocio en la zona afectada,que acabó cómo muchos otros totalmente destrozado.
Fueron minutos, horas para no repetirlas. En la zona comprendida entre Gral. Gallarza y Julio Longinos un nuevo aviso de un segundo artefacto puso en guardia a la policia que acordonó la zona y con perros y personal cualificado en explosivos, peinó la zona poniendo en jaque nuevamente a la población, a la que se le avisó bajaran las persianas y se mantuvieran en lugar seguro. Un desastre que afortunadamente un año después recordamos observando como el terror ha dejado paso nuevamente a la paz y la prosperidad. La llamada zona cero luce hoy esplendorosamente. Suerte para todos.


